Juan Manuel Gutiérrez Gallardo. Pinturas del año 2023.




Refugiados I.





Refugiados I, acrílico sobretablero obra de Juan Manuel Gutiérrez Gallardo, pintor de Cañete de las Torres


RefugiadosI.

acrílico sobre tablero.

85 x 126 cm.



Julio 13, 2026

En esta pieza, la pintura se convierte en un testimonio ético. Utilizo el acrílico sobre tabla no solo como técnica, sino como un soporte físico e inflexible sobre el cual arañar y superponer la crónica del desarraigo que está padeciendo la mayor parte de la población mundial. 

La composición de este cuadro está dominada por una franja que corta el lienzo en su flanco izquierdo, de color casi uniforme (tiene aspecto grisáceo porque la fotografía simplifica y homogeniza los colores y los tonos parecidos), pero en realidad tiene variedad de colores. Este poste o columna rompe la lectura del cuadro. Funciona como el poste de una valla fronteriza, la estructura de un campamento improvisado o el límite físico de un control aduanero. El echo de que ha un lado de la columna haya solamente un personaje, ha provocado preguntas de algunos espectadores, que intentaban averiguar porque estaba solo.  

Al colocar este elemento en el primer término, busco posicionar a los espectadores, al otro lado de la barrera. Los refugiados quedan confinados en un segundo plano denso y abigarrado, obligándonos a mirarlos a través de un obstáculo, lo que acentúa la sensación de aislamiento y exclusión geográfica.  

Eludí la colocación de la rejilla metálica que suele ir con esos postes, para que los espectadores se enfocasen en las caras y los cuerpos de las personas. 

Sus rostros están presentes, no desdibujados como en otras obras mías, definidos por un dibujo gráfico de líneas oscuras muy marcadas que remiten al expresionismo de la posguerra o incluso al hieratismo del arte románico. Las miradas son solemnes, graves, cargadas de una melancolía pétrea.  

Las figuras aparecen cubiertas con capuchas, mantas o túnicas que unifican al grupo. El tratamiento de los pliegues de los ropajes en los adultos denota volumen y estatismo, convirtiendo a los sujetos en monumentos vivientes al sufrimiento. Por el contrario, los niños en la parte inferior, apenas sugeridos, completan el retrato de una comunidad desprotegida. 

En mis tiempos de estudiante, bueno, nunca dejo de estudiar, me refiero a cuando estudiaba Bellas artes en la Facultad de “Santa Isabel de Hungría” de la Universidad de Sevilla. Pasé algún tiempo utilizando las pinturas acrílicas y vinílicas. El hecho de que, en aquellos años, tanto profesores como textos y manuales, afirmaban que el acrílico funcionaba como la acuarela unas veces y otras como el óleo, me llevó a probarlo en algunos cuadros. Ya había probado el temple de huevo y sus combinaciones con óleo, ayudado la mas de las veces del libro de Max Doerner “Los materiales de pintura y su empleo en el Arte”. Donde el autor intentaba descifrar y resucitar las técnicas de los antiguos maestros, la mayoría desaparecidas, olvidadas por la ruptura con la tradición, pero que en lo que se refería a la pintura acrílica no ponía apenas nada. 

Me compré mis primeros acrílicos e intenté empastar como el óleo, aquello no empastaba igual. Probé a usarlos como acuarela y habían perdido la luminosidad y la finura de color de aquella. Por último, realice una prueba mezclándolos con huevo y me encantó el olor a pastelería de la habitación y también el resultado, muy parecido al temple de huevo tradicional.  

Después de unos cuantos cuadros, me decante por el óleo y no los he vuelto a usar hasta hace unos años. Ahora se pueden conseguir gran cantidad de texturas utilizando aditivos específicos o con aditivos naturales como arena y otras cargas. Y la verdad es que se consiguen muy buenos efectos. 

En esta obra he utilizado el acrílico, como si fuese óleo, en el cielo, la zona superior del cuadro, un fondo turquesa y cerúleo está trabajado con una textura rugosa, casi de pared calada o atmósfera cargada, que contrasta con la gravedad terrestre de los refugiados. A medida que la mirada desciende por la tabla, la densidad de los cuerpos se desvanece. El acrílico se vuelve líquido, transparente; se desliza en líneas verticales (dripping) que simulan lluvia, desgaste o erosión, un simple desenfoque (amplitud de campo) para imitar el efecto de la alambrada. Los cuerpos pierden su base anatómica y parecen fundirse con la tierra o diluirse en la nada. El desplazado carece de suelo firme donde asentarse, y pictóricamente lo demuestro haciendo que sus piernas y ropajes se conviertan en puro fluido. 

 

 

"En 'Refugiados I' (2023), el plano pictórico se transforma en una aduana psicológica. Mediante una vigorosa paleta que confronta la frialdad del fondo turquesa con el peso telúrico de las figuras encapuchadas, se elude el sentimentalismo para retratar el estatismo y la espera del exilio. La tabla, herida por trazos expresionistas y veladuras que se disuelven en el margen inferior, deja al descubierto la vulnerabilidad del cuerpo despojado de patria, atrapado detrás de una línea vertical que nos recuerda la existencia implacable de la frontera." 

Juan Manuel Gutiérrez Gallardo.





Refugiados II, acrílico sobretablero obra de Juan Manuel Gutiérrez Gallardo, pintor de Cañete de las Torres


Refugiados II.

acrílico sobre tablero.

85 x 126 cm.





Julio 15, 2026

Refugiados II funciona como una gran crónica horizontal de la diáspora. El espectador ya no contempla un grupo contenido frente a un límite, sino una procesión fragmentada que avanza (o resiste) bajo un entorno abiertamente hostil. 

La composición esta obra radica en cómo se distribuye la masa humana. En lugar de una masa compacta, los personajes se agrupan en tres bloques o familias principales, separados por vacíos parciales. Estos huecos no son accidentales su finalidad es narrar de manera visual la desarticulación social, la perdida de unidad, de identidad grupal, el cansancio que fragmenta los grupos y el aislamiento mutuo que genera el trauma del desplazamiento. 

La franja de tierra ocre y rojiza de la base es extremadamente estrecha. Apenas ofrece superficie para que las figuras se sostengan. Esta escasez de suelo firme acentúa la condición del refugiado, personas que caminan por el borde del mundo, despojados de un territorio legal o geográfico propio o cedido que los acoja. 

Los rostros, fuertemente delineados, de contorno rotundo, con un trazo negro, gráfico y cortante, conectan directamente con el expresionismo más puro de la posguerra europea (el eco de Georges Rouault o Constant Permeke). El uso de capuchas y mantos envuelve a los sujetos en un hieratismo casi sagrado, sagas familiares contemporáneas que huyen de la destrucción. 

Puedes observar que se producen cambios significativos en el color de los rostros. Algunos rostros adquieren tonalidades frías, azuladas o verdosas, mimetizándose con el cielo, mientras que otros mantienen los tonos cálidos de la tierra. Este juego cromático diferencia los estados de ánimo y el desgaste físico del grupo, los que se desvanecen psicológicamente frente a los que aún conservan el calor de la resistencia. 

El fondo azul turquesa del cielo no es un elemento atmosférico plácido; está trabajado con una pincelada cruzada, nerviosa y enérgica que delata la rapidez del acrílico. Es un cielo que pesa, que genera una atmósfera de intemperie y desvelo. 

Al igual que en la primera pieza de la serie, la parte inferior de los cuerpos sufre los efectos de disolución y grattage en lo que a su forma se refiere. Utilizar un rayado vertical, líneas que chorrean y transparencias hace que las piernas de los refugiados se difuminen. No hay anatomía sólida en el exilio; los cuerpos pierden su peso y parte de su forma, se convierten en espectros verticales que parecen flotar o estar siendo borrados por el tiempo o el propio paisaje.  





"En 'Refugiados II' (2023), el formato apaisado se transforma en la cartografía de una marcha interminable. Como artista renuncio a la comodidad del retrato estático para desplegar un friso trágico donde los cuerpos, agrupados en grupos familiares rotos, avanzan sobre una delgada línea de tierra. Oprimidos por un cielo turquesa agitado e implacable y heridos en su mitad inferior por la disolución de la materia. Estas figuras encapuchadas encarnan la paradoja del exilio, la búsqueda de un futuro mientras la propia identidad física y territorial se desvanece paso a paso en el camino." 

 

Juan Manuel Gutiérrez Gallardo.